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D´Frente y Mesa de Unidad de Acción Democrática al Presidente Luis Inacio Lula da Silva sobre la violencia de Estado en Cuba

El pasado domingo 17 de marzo de 2024, en varias provincias de Cuba se verificaron protestas sociales que reclamaban al gobierno cubanos por su pobre capacidad de gestión.

Los cubanos no deseamos que el gobierno del Partido Comunista continúe controlando política ni económicamente al país. Es su responsabilidad la corrupción, el hambre y la desesperación que padecemos. A la libertad, demanda común en cada manifestación , se unieron en estas protestas que el mundo ha podido ver, la de comida, luz y agua, pues el agravamiento de las condiciones de vida de los últimos meses amenaza la propia existencia.

El estado cubano reaccionó bloqueando la conexión a internet y por medio de detenciones violentas. Lo que hace imposible en este momento realizar un resumen de lo acontecido. La plataforma ciudadana Justicia 11M, sin embargo, ha registrado ya los primeros detenidos. Sabemos que, de no encontrar obstáculo, el Estado cubano no respetará principio alguno para atropellar las vidas de estos detenidos como modo de escarmiento para el resto de la población.

Al gobierno brasileño, y al Presidente Luis Inacio Lula da Silva, los urgimos especialmente a marcar distancia respecto de la violencia ilegitima del  Estado cubano, y a instar al gobierno de Miguel Díaz-Canel a emprender el camino de la rehabilitación de la libertad política y el respeto de los derechos humanos.

Ya hemos tenido la solidaridad de numerosos países del mundo. Brasil es un importante actor regional que no debe substraerse a las obligaciones que su importancia demanda en el orden mundial.

La Habana, 18 de marzo de 2024

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Libres desde adentro, el 11J revisado por sus víctimas

Palenque Visión y la Alianza Democrática Oriental acaban de lanzar el documental Libres desde adentro sobre el alzamiento nacional del 11 de julio de 2021. Su director, héroe del 11J y director de Palenque Visión Rolando Rodríguez Lobaina, ha desarrollado una extensa labor de activismo y realización audiovisual que la Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD) ha tenido la posibilidad de acompañar y admirar.

Rodríguez Lobaina defiende con firmeza el carácter popular y cívico de aquellas manifestaciones y su documental testimonia la honradez de una Nación sometida por la dictadura castrista.

“Durante mi detención a raíz del 11 de julio –comenta Rodriguez Lobaina- en Guantánamo, encerraron en mi misma celda a un ingeniero hidráulico que había participado en las protestas. Él no dudó en sumarse a las manifestaciones y me hablaba de su preparación y su desempeño profesional. En un momento me enseña sus zapatos deteriorados y me dice: ´Yo soy ingeniero hidráulico, trabajo como profesional, y mira mis zapatos, me cansé´”.

Libres desde adentro es el resultado de dos años de trabajo intenso y toma el título del llamado que Jorge Perdomo, héroe del 11J y preso político, hiciera a favor de la libertad. De mérito es la fidelidad de los familiares de los presos políticos, que han resistido torturas y amenazas por hacer pública la condición de sus seres queridos y las irregularidades de los procesos de detención, juicio y prisión.

Llama la atención el testimonio de Osiris Puerto, herido de gravedad que exhibe las cicatrices que las balas dejaron en su cuerpo, y que denuncia la presión paramilitar para que dejara de denunciar que en el barrio de Toyo la policía tiró a matar.

Asimismo escandalizan las palabras de Iliana Cedeño Ávila, hermana del preso político José Ángel Cedeño Ávila, que denuncia en la película que a su hermano lo golpearon con cabillas para quitarle el teléfono y que, una vez en el piso, le cayeron a patadas, lo que “trajo consigo que le afectara la tráquea, mi hermano hoy por hoy está sordo de un oído, siempre está botando secreciones por la nariz y los oídos”. La paliza propinada a José Ángel Cedeño Ávila fue filmada y puede verse en el documental, aun así, la víctima cumple diez años de prisión.

“Hubo una mujer -comenta Rodríguez Lobaina-, que fue violada en varias ocasiones durante la detención que sufrió por participar en la marcha. Ella no me dio su testimonio porque tiene miedo.”

La insistencia de los esbirros castristas por silenciar los testimonios de las víctimas, permite entender en Libres desde adentro la violencia volcada contra quienes, a través de sus móviles, ilustraron para el mundo entero aquellas jornadas patrióticas mandadas a reprimir con horror por Miguel Díaz Canel.

Igualmente, Libres desde adentro ilustra la madurez y el sentido cívico de los manifestantes del 11J, que agobiados por la falta de atención médica en medio de la pandemia y el hambre derivada de la pésima gestión castrista, salieron a la calle para demandar, antes que sus necesidades más urgente, la libertad.

Más información aquí: https://palenquevision.com/2023/10/17/libres-desde-adentro/

 

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La República y algunos de sus malentendidos

El pasado 20 de mayo se conmemoró el 121 aniversario de nuestra independencia. Ese día no pude escribir nada en las redes sociales porque me habían retirado el servicio de datos móviles, que es, en general, la única forma que tenemos los cubanos de acceder a internet. Una forma costosa e incómoda para algunas tareas, pero que ha sido suficiente para rehacer las bases intelectuales y morales de la nación atenuadas por sesenta años de totalitarismo. Que sepa, les sucedió lo mismo a colegas como Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, directora y editor del diario digital 14yMedio. Leída la bazofia publicada en los medios oficiales sobre la fecha, se puede entender el deseo de silenciar a quienes podríamos celebrar el aniversario.

Bajo el imperio del castrismo, la interpretación de los fenómenos que rodearon al 20 de mayo de 1902 ha recibido no pocas lecciones clarificadoras. Las fantasías condescendientes que hasta 1959 atribuyeron al cubano ideales patrios pendientes de cumplimiento, eximentes de sus déficits, y responsabilizaron ora a la España colonial, ora a los Estados Unidos por su excesiva ascendencia en la pericia republicana, reciben bajo la hegemonía totalitaria una moderación definitiva.

Entre esos fenómenos se encuentra la intervención americana, en un momento de la contienda, próximo a su fin, favorable a las fuerzas cubanas, según cierta historiografía. La consideración era apenas una hipótesis, plausible, pero en ningún caso ajena a la discusión. Bajo el castrismo, la aseveración fue transformada en dogma, y el debate intelectual republicano fue suplantado por reglas que todavía hoy entorpecen a la cultura nacional.

A partir de ese dogma afloraron una serie de aseveraciones insubstanciales, pero igualmente provistas de una tremenda autoridad en el balbuceo doctrinal posterior a 1959. Desgraciadamente no pocas personas enteradas las siguen repitiendo como si no hubieran pasado sesenta años de asalto continuo a la inteligencia desde el vertedero de tales aseveraciones.

La primera es el término de neocolonia, con el cual se afea la muy superior categoría de república, y se irrespeta a los próceres que, apenas sanadas sus heridas y con traumas que los acompañarían de por vida, prefirieron conducirse como ciudadanos frente a la tentación de devenir matones. No es difícil concebir su estatura: cincuenta y siete años después un grupo de guerrilleros, de brillo reducido respecto del mambí, priorizaron la conducta hampesca y maleante frente al civismo y la urbanidad.

Otra de los latiguillos afirma que la República resultó una entidad políticamente sometida y sin independencia. La llamada Enmienda Platt resulta paradigmática, pues el documento disponía el derecho de intervención de los Estados Unidos «…para la conservación de la independencia cubana, el mantenimiento de un Gobierno adecuado para la protección de vidas, propiedad y libertad individual y para cumplir las obligaciones que, con respecto a Cuba, han sido impuestas a los Estados Unidos por el Tratado de París y que deben ahora ser asumidas y cumplidas por el gobierno de Cuba» (Artículo 3); igualmente disponía la prohibición de que el gobierno de Cuba firmara contratos con potencias extranjeras que menoscabaran su independencia.

La Enmienda Platt fue derogada en 1935, desde ese año quedó disuelta la exagerada preeminencia que tenían los Estados Unidos sobre Cuba por su medio, y la soberanía de la isla fue restablecida plenamente. Y es «exagerada preeminencia» porque el derecho de intervención —exceptuando el segundo gobierno de ocupación de la isla que tuvo lugar entre 1906 y 1909— no privó de ningún modo a la nación de ejercer la soberanía sobre el territorio, la organización de las fuerzas armadas, su política interior ni exterior, su sistema financiero, ni sus disposiciones presupuestarias: prerrogativas esenciales para las metrópolis y los gobiernos de ocupación.

El adoctrinamiento castrista ha minimizado el significado de la derogación de la Enmienda Platt para extender la percepción de una república sometida hasta el comienzo de su imperio. Por otra parte, ha ninguneado las audacias de estadistas como Rarmón Grau San Martín y diplomáticos como Cosme de la Torriente que consiguieron, sin alardes de matón, anular de manera definitiva la excesiva intromisión norteña que el documento imponía.

Eso sí, la suerte de la república a partir de 1959 parecería dar la razón a los temores del senador Orville H. Platt y los legisladores estadounidenses que aprobaron la enmienda. En apenas una década Fidel Castro subordinó la independencia cubana a sus afanes mórbidos, hizo del castrismo un Gobierno ajeno a «la protección de vidas, propiedad y libertad individual», deseados por el documento; y alejó a Cuba de todas las obligaciones internacionales que no fueran agradables a su caudillaje.

La otra pretensión medular de la Enmienda Platt, la que impidió a Cuba hasta 1935 convenir tratados que menoscabaran la independencia del país, dirigida no solo a conservar la soberanía nacional, sino a alejar de los límites meridionales norteamericanos el peligro que suponía el asentamiento de potencias hostiles, quedó justificada con creces para una nación en la que las bases militares soviéticas se reprodujeron desde 1959 sin control. Esta situación tuvo como episodio crítico la intención de establecer misiles atómicos soviéticos de manera subrepticia, y que puso al país al borde de la extinción en un año tan temprano como 1962.

Junto con el sometimiento político, la precaria estructura intelectual castrista reproduce desde los primeros grados de instrucción hasta sus más acabados niveles de posgrado la noción del sometimiento económico. Para ello utiliza, básicamente, los llamados Tratados de Reciprocidad Comercial que firmaron Cuba y los Estados Unidos en 1902 y 1934. Por su medio el azúcar cubano recibió un trato arancelario favorable a su entrada al mercado norteamericano a cambio de una práctica semejante para un gran número de productos norteños en su entrada a Cuba. Los tratados facilitaron la recuperación económica de la posguerra en los primeros años de la República y un crecimiento significativo en los años posteriores a 1934. En 1947, a propósito de la creación del Acuerdo General de Aranceles y Comercio (G.A.T.T. en inglés), que regló nuevas prácticas para el comercio internacional, el tratado de 1934 dejó de tener efecto.

Por medio de los tratados de reciprocidad el país consagró un sistema de desarrollo económico modelado en el siglo XIX, un sistema que tenía la producción azucarera como renglón más importante y el comercio con los Estados Unidos como su fuente principal de intercambio. Si los beneficios fueron indubitables, especialistas de reconocido prestigio en el campo de los estudios de la economía cubana como Julián Alienes y Oscar Zanetti Lecuona, han señalado las dificultades que para la vida económica cubana entrañó la excesiva dependencia del azúcar y del mercado norteamericano, dificultades que estuvieron en la génesis de no pocos problemas sociales y políticos que acompañaron las primeras décadas republicanas.

Sin embargo, nuevamente la suerte del sistema económico cubano durante el castrismo apoya la percepción de que los partidarios de la diversificación productiva pierden de vista la importancia del sistema agroindustrial azucarero. Luego de un breve y decepcionante impulso industrializador, los mandamases criollos se sumergieron en la dependencia del azúcar para la economía nacional. Ya en 1963 Fidel Castro ofreció a la Unión Soviética convertir a Cuba en la azucarera del país comunista, y regresó de una extensa visita a aquel país con numerosas zafras comprometidas. A partir de 1972, luego del ingreso de Cuba al Consejo de Ayuda Mutua Económica (C.A.M.E), Cuba se consagró como productor azucarero de los países socialistas.

Cuando en 2002 se decidió acometer la destrucción de la planta industrial azucarera, el país sufrió uno de los atentados más graves que a su sistema productivo le infligió el castrismo. No fue el mayor porque ya en los años sesenta la nación había sufrido un desastroso desmontaje de su capacidad productiva y comercial, que tuvo en la llamada «ofensiva revolucionaria» de 1968 su episodio final. La capacidad mostrada por el azúcar para mantenerse como fuente de riquezas sobre los continuos fracasos de la planificación económica castrista, y la imposibilidad de la elite comunista para generar alternativas a la producción de azúcar después del 2002, son el argumento más formidable que los defensores de la agroindustria azucarera pueden encontrar, históricamente, para sus cavilaciones.

La república entre 1902 y 1959 fue una primavera en la historia de Cuba, una historia agobiada por la deficiente administración española primero, su cruel política de guerra después, y por la inhumana hegemonía comunista posterior a 1959. El afán de equipararla al perverso dominio de los peores tiempos peninsulares o al desempeño económico y político del castrismo es, cuando menos, un error, una conclusión ignorante entre los desconocedores, y una grotesca manipulación entre los arribistas de todo signo que anhelan el premio gordo de la lotería comunista.

Las relaciones de la República de Cuba anterior a 1959 con los Estados Unidos son una experiencia preciosa para el país que anhelamos construir, pues fue el único periodo en que esas relaciones tuvieron lugar en un país libre, próspero y con esperanzas.

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Díaz-Canel, el genotipo nórdico y el racismo estructural cubano

Artículo tomado de: Díaz-Canel, el genotipo nórdico y el racismo estructural cubano (hypermediamagazine.com)

“Tenía que ser negro”, reza una de las frases más horribles y vergonzosas del argot popular cubano, que resume en solo cuatro palabras el mayor y más persistente problema que ha confrontado la nación cubana desde su creación: el racismo estructural hacia las poblaciones de origen africano: lo que Gastón Baquero, en su ensayo “El negro en Cuba”, definiría como el “negro problema de Cuba”; un fenómeno por el cual los sujetos negros son temidos, discriminados y marginados en una espiral descendente que ha hecho girar la historia nacional cubana.

Este “negro problema” ha prevalecido sin modificaciones sustanciales desde tiempos coloniales, cuando se importaron alrededor de 800.000 esclavos africanos hacia la Isla.[1] Estos hombres, mujeres y niños, desplazados forzosamente hacia América desde ocho regiones del continente africano, serían el componente primario de una mezcla de culturas africanas, diversas y disímiles entre sí, que conformarían la base primaria de la formación de las identidades de raza y clase en Cuba.[2]

Estos esclavos y sus descendientes sufrirían el peso de una constante discriminación estructural que sería el eje sobre el cual se conformarían las relaciones de poder isleño. El color de la piel marcaría las fronteras entre dos grupos raciales distintos, cuyos estatus estarían bien definidos: el opresor, dominante y superior, de tez blanca; y el oprimido, el inferior, el negro-mulato de tez oscura.[3]

Con la abolición de la esclavitud en 1886, el fin de la colonización española en 1895, la ocupación norteamericana y en el periodo republicano posterior, que finalizaría en 1959, estas fronteras marcadas por temas raciales continuarían determinando los derechos legales y sociales de las personas, así como su estatus económico. Los afrocubanos continuarían siendo discriminados y sistemáticamente excluidos de los puestos más altos en el empleo, el servicio público y la política, y continuaron constituyendo la mayoría de las clases pobres y trabajadoras de la Isla.[4]

El problema racial persistiría con la llegada al poder de Fidel Castro en 1959, pese a toda la retórica antirracista que prevalece en el discurso del régimen totalitario impuesto desde entonces. La cuestión del racismo estructural quedó sumergida en el nuevo régimen bajo una dinámica nacionalista redentora que, con un ropaje marxista, declaró la intención de desarticular las desigualdades estructurales adoptando un enfoque legal y social que prohibía explícitamente cualquier discriminación basada en la raza o el color de la piel.

Este enfoque, simplista y demagógico por naturaleza, consideraba que con la eliminación de la propiedad privada y la explotación de clases, la desigualdad racial y la discriminación eventualmente desaparecerían. El racismo, bajo esta premisa, pasaría a ser a una categoría declarada como enemiga del proceso de construcción de una nueva sociedad socialista, por lo que cualquier manifestación abiertamente racista sería considerada automáticamente contrarrevolucionaria.

Lo curioso es que el liderazgo blanco que condujo este proceso, pese a esta retórica pública enfocada en resaltar su carácter antidiscriminatorio, cargaba con un significativo bagaje racista en sus esferas privadas, que contaminaría todas las instituciones y los espacios públicos.

Era la sofisticación del racismo bajo nuevas condiciones: desde lo público, se combatía el racismo; desde lo privado, se mantenía y ampliaba. Esto generaría un doble rasero: se combatía la discriminación racial hacia el negro —y en el ámbito internacional, se apoyaban las causas antirracistas en general—, pero al mismo tiempo se ocultaba el complejo sistema discriminatorio erigido por la dirigencia blanca del país. Un sistema discriminatorio reestructurado y camuflado, desde lo oficial, mediante políticas sociales de integración y cuotas nominales de representación gubernamental a personas negras.[5]

Dentro de este esquema, el tema de la desigualdad racial se intentó barrer por decretos reforzados por declaraciones políticas. En el proceso de desmantelamiento del antiguo régimen, este tema pasaría a un segundo plano: formaba parte de un pasado burgués terminado, resuelto, que no tenía cabida en el presente. Bastaba la voluntad gubernamental —reflejada en políticas públicas— para clausurar el debate sobre el racismo en la Isla. Ahora el debate debía centrarse en lo que importaba a las nuevas élites: la supervivencia del proceso de construcción de una nueva nación, socialista, igualitaria y antiimperialista, donde la lucha de clases tomaba un rol preponderante.[6]

La voluntad de eliminar el tema racial del discurso público se reflejó en declaraciones triunfalistas de la nueva dirigencia. En una fecha tan temprana como 1962, Fidel Castro promulgó el fin de la discriminación racial en el país. Esta declaración marcaría el inicio de una prohibición de hecho al tratamiento público de temas relacionados con el racismo y raza, los cuales se convertirían en temas tabú con una lógica bien definida: si no hay racismo, no se debía hablar de raza.

Las consecuencias fueron inmediatamente evidentes. Mientras en el plano público se favoreció la eliminación de todo vestigio legal discriminatorio, que indudablemente benefició a las poblaciones afro cubanas —disfrutarían una reducción de las desigualdades y la apertura de accesos mas equitativos a servicios sociales básicos, como la salud y la educación—, en el plano privado se mantendrían intactas las estructuras racistas que habían prevalecido en el pasado, y que a su vez condicionaban el actuar real, no simbólico, de los detentores del poder político en la Isla.[7]

Estas estructuras racistas se habían hecho evidentes desde el mismo inicio del proceso revolucionario conducido por Castro, quien a los pocos meses de llegar al poder comenzó a desmantelar el conjunto de organizaciones negras que durante décadas habían sido estandartes de la lucha antidiscriminatoria en Cuba. Fue clausurado el emblemático Directorio Central de las Sociedades de la Raza de Color, fundado en 1887 por Juan Gualberto Gómez, que agrupaba más de quinientas sociedades de negros y mulatos, y se eliminó la posibilidad de que los afrocubanos tuvieran clubes sociales o centros culturales independientes: para los inicios de los años 70, casi la totalidad de los clubes y sociedades de negros en la Isla habían cerrado.

El proceso continuaría con el cierre y el acallamiento de aquellas instituciones independientes que, a diferencia de las que prevalecían antes de 1959, habían sido creadas por el entusiasmo lógico de una población negra tradicionalmente marginada del proceso de creación y desarrollo de la nación cubana. Una institución como El Puente, por ejemplo, dedicada a la publicación de literatura relacionada con identidades raciales, perdía todo su sentido existencial al aglutinarse y funcionar sobre un tema que había sido considerando resuelto en el país. El Puente sería cerrado por el gobierno en 1965, después de unos pocos años de funcionamiento; varios de sus miembros fueron incluso encarcelados, acusados de mantener contactos con extranjeros, y su director fue enviado a un campo de concentración de las UMAP.

Sería el Estado, controlado por una élite blanca y racista en lo privado, el que monopolizaría las instituciones que dedicadas al tema afrocubano desde una óptica antropológica. El tema racial se trataría como un hecho finiquitado, folclórico, que se debía transformar, con las políticas de la Revolución, en una amalgama modernizada, amorfa: una integración de clase que transpondría las consideraciones raciales.

La creación de instituciones dedicadas a la investigación sobre temas vinculados con folclor africano, como el Departamento de Folklore adscrito al Teatro Nacional (dirigido por el eminente Argeliers León), el Instituto de Etnología y Folklore, y el Conjunto Folklórico Nacional, todos fundados a principios de los 60, correspondían a esta dinámica de tratar el tema de raza y cultura afrocubana como un asunto pasado, destinado a centros de estudio primariamente etnológicos, que se encargarían de sofisticar y modernizar los temas culturales afrocubanos en aras de su integración a una cultura nacional revolucionaria.

Esta integración que transponía intereses raciales en una sociedad que supuestamente ya había eliminado el racismo, estaba permeada de un enfoque muy eurocéntrico, centrado en la eliminación de “rezagos sociales”, que no serían otros que aquellos considerados primitivos e incompatibles con la nueva sociedad socialista: “rezagos” de origen africano que aún “subsistían” en la sociedad cubana. El proceso debía concluir con la eliminación de todos esos vestigios raciales que prevalecían como perjuicios arraigados en la sociedad, y que posteriormente solo debían ser tratados como un objeto de estudio del pasado.[8]

La invisibilización del problema racial tendría consecuencias en lo formal: el régimen no creó instituciones dedicadas a pensar y resolver la problemática racial en la Isla, ni siquiera de movilización o de propaganda. Esto condujo a una profundización del eterno problema del racismo estructural, ahora oculto bajo una coraza de silencio, promovida por el Estado. La intelectualidad negra y mestiza cubana, que tan activa había sido en el periodo anterior 1959, fue sumida en un mutismo que duraría varias décadas: aproximadamente entre 1962 y principios de los 90.

La falta de instituciones negras, legales y de carácter crítico; el miedo que se materializaba ante la represión de expresiones de orgullo racial; el oportunismo y la acomodación de muchos ante prebendas en forma de cargos, premios y empleos prestigiosos ofrecidos por la élite gubernamental blanca, serían las características que marcarían este largo periodo vergonzoso en la historia del pensamiento afrocubano.

El tratamiento historiográfico de esta temática del silenciamiento del problema racial, por parte de algunos académicos cubanos residentes en la Isla, ha sido vergonzoso y refleja el temor a abordar el asunto de manera crítica en el contexto de un sistema totalitario. Muchos de estos estudios hacen contorsiones retóricas sofisticadas, e incluso llegan al extremo de plantear conclusiones tan absurdas como la que declaraba que se había generado “una especie de consenso social alrededor de la problemática, que ayudó a silenciar el problema, y favoreció su supervivencia”. Aquí, la culpa de que se hubiese declarado tabú el tema racial y de discriminación, ¡recaía en los afectados por el silencio, y no en los que lo forzaron![9]

La caída del socialismo real en Europa del Este y la posterior desaparición de la Unión Soviética, produjo un cambio importante en la situación de la población negra en Cuba. El fin de los subsidios soviéticos —que habían permitido la movilización social ascendente de los afrocubanos— revirtió el proceso de camuflaje racial, que bajo el manto de una política social incluyente había mantenido a raya el desarrollo de un pensamiento negro crítico hacia el racismo nominal impuesto por Fidel Castro. La brutal situación económica del país afectaría de manera diferenciada a las dos categorías raciales cubanas, ampliando la brecha histórica entre ambas: las poblaciones marcadamente afrocubanas serían las que sufrirían el mayor peso de la crisis.

Esta situación produjo una reactivación de la movilización social entre las comunidades negras y mestizas cubanas, lo cual se reflejó en el surgimiento, a finales de los 90, de un vociferante sector crítico de activistas, artistas e intelectuales negros, quienes comenzaron a demandar, desde un enfoque racial diferenciado, respuestas puntuales a un Estado que hasta ese momento se había negado a reconocer su existencia, sus identidades y sus demandas. El largo e impuesto silencio oficial se había quebrado.

Tales reclamos estaban en consonancia con la realidad que enfrentaban y aún enfrentan las poblaciones de origen africano en Cuba, en un contexto en el que las desigualdades sociales y raciales aumentaban rápidamente en el país. Dichas desigualdades aún no alcanzaban los niveles de algunos países latinoamericanos, pero la precariedad económica ya no garantizaba el mantenimiento de servicios públicos de calidad, que habían sido un factor importante para mantener cierta cohesión racial en la Isla. La caída drástica de la cantidad y la calidad de la canasta de alimentos subsidiados, el deterioro creciente de los servicios de salud y educativos, más la carencia de viviendas y el agravamiento de la perenne crisis del transporte público, contribuyeron a aumentar el nivel de descontento entre poblaciones afrocubanas que en el pasado habían mostrado una lealtad incondicional hacia el régimen.

La salida del poder de Fidel Castro en 2006, y la posterior sustitución de Raúl Castro —en sus funciones de gobierno en 2018, y en las funciones partidarias en 2021—por otro dirigente blanco: Miguel Díaz-Canel, no modificaría la dinámica oficial de invisibilización del problema de la discriminación racial, que lejos de disminuir continuaría creciendo; mientras el gobierno, increíblemente, sigue empeñado en mostrarlo como inexistente.

Como una muestra de esta tendencia de negar la realidad, se puede citar un estudio de la Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), que aseguró en 2016 que el Censo de Población y Vivienda de 2012 no mostraba diferencias cuantitativas críticas entre grupos de personas según su color de piel. Este análisis, sin embargo, omitió elementos cruciales de factores raciales que se constituyen en importantes marcadores sociales en la Isla, para detrimento de las poblaciones afrocubanas, presentando además datos tergiversados e incorrectos que sirvieron para apoyar el discurso oficial, según el cual las discrepancias raciales habían sido en gran medida superadas. El informe de la ONEI terminaba con una conclusión alucinante: “Los diferenciales por color de la piel encontrados en este estudio son poco significativos desde el punto de vista estadístico. No aparecen marcados diferenciales”.[10]

Informes independientes, realizados con posterioridad, mostrarían una realidad radicalmente diferente. El primero de estos informes sería presentado en 2019 por el Instituto Alemán de Estudios Globales y de Área (GIGA), que entre enero de 2017 y abril de 2018 realizó una serie de encuestas y entrevistas en profundidad a lo largo del país —tanto en zonas urbanas como rurales—, basadas en variables como edad, género, raza, antecedentes educativos, profesión, ingresos y ubicación territorial / residencial.

Los resultados de la investigación de GIGA fueron reveladores: el 70 % de los negros y mulatos declararon no tener acceso a internet; mientras que el 50 % de los blancos reportaban tener una cuenta bancaria, solo un 11 % de los negros dijeron tener una; el 78 % de las remesas que los cubanos en el exilio envían a Cuba estuvieron destinadas a los blancos, quienes además controlan el 98 % de las empresas del sector privado. Algo similar se mostró con los viajes al extranjero: el 31 % de los blancos viajaban, contra solo el 3 % de los negros.[11]

Otro estudio más reciente, realizado a inicios de 2021 por la sección cubana de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), llegaría a conclusiones similares, señalando que las personas negras y mestizas siguen poco representadas en la educación superior del país, ocupan trabajos y puestos de menores ingresos, y tienen baja representación en puestos de dirección, en empresas extranjeras o mixtas, y en la emergente economía privada. Al mismo tiempo, la investigación mostró que las poblaciones de origen afrocubanas están sobrerrepresentadas entre la población en situación de pobreza, sufren de mayores índices de violencia y padecen de indicadores negativos en salud.

Mientras se aceleran los niveles de desigualdad racial en un contexto de crisis económica agravada, el gobierno formalmente encabezado por Díaz-Canel como presidente —y con un primer ministro blanco, Manuel Marrero—, ha iniciado una dinámica novedosa, que no se había observado en la anterior cúpula en el poder: reflejar sin tapujos, en la esfera pública, lo que siempre había estado presente en la esfera privada: un racismo arraigado y profundo.

Bajo esta nueva modalidad, funcionarios y exfuncionarios se explayan sin recato en declaraciones abiertamente racistas dirigidas a ciudadanos negros que critican al gobierno. Las críticas repugnantemente racistas, vertidas contra los líderes negros del Movimiento San Isidro (MSI) por parte de funcionarios, intelectuales oficialistas, medios de prensa oficiales y otros seguidores del régimen, constituyen ejemplos de estas dinámicas discriminatorias que antes no se exteriorizaban de manera pública, aun cuando se dirigiesen a opositores.

Esta exteriorización del racismo por parte de la nueva cúpula en el poder, encontraría su máxima representación en la felicitación por el día de las madres que hizo Díaz-Canel en Twitter: en una sola foto de tres mujeres con genotipo europeo, el presidente y recién estrenado primer secretario del Partido Comunista de Cuba expuso la verdadera cara racista de un gobierno que, pese a esgrimir una retórica contraria, desde 1959 ha sido estructurado por blancos y para blancos.

Postear en una cuenta oficial en redes sociales, por parte de la máxima autoridad del Estado, una foto de tres mujeres blancas para representar a las madres cubanas, más que un despropósito de un líder incapaz, es una reacción natural y lógica de un liderazgo que siempre ha intentado minimizar el pasado africano de un proyecto de nación caracterizado por una política de exclusión ideológica, económica, social y racial.

La respuesta a las críticas a la foto, fue aún mas racista que el hecho mismo: el texto publicado en Cubadebate, escrito por una joven periodista blanca, resalta las virtudes de las tres campesinas blancas que posaron para la foto, sin hacer mención al tema racial que había generado la polémica. Una vez más, el racismo intrínseco de la nomenclatura les impide ver el meollo del tema.

El asunto de la foto de Díaz-Canel refleja cuán vivo está el “negro problema” de la nación cubana; un problema ocultado por un liderazgo blanco que, sin un ápice de vergüenza, define de manera gráfica y ofensiva cómo es la Cuba que desean: blanca y uniforme, basada un diseño de nación en el que los sujetos negros se subordinan, pasivos y obedientes, sin voluntad, ocupando roles no esenciales aun cuando cubran cuotas nominales en el poder político. En una nación excluyente, donde las simulaciones han sido superadas por la realidad reflejada en las estadísticas, a las élites ya no les basta con contrastar sus casas de Siboney o Miramar con la pobreza de San Isidro: ahora también contrastan los rostros negros y mestizos de la población cubana con aquellos rostros blancos, de genotipo nórdico, con los que desean reemplazarlos.

La buena noticia es que la nación cubana es —a pesar de los líderes racistas que controlan el poder político y económico— cada vez más negra, más morena, más mestiza, y no solo en su genotipo sino en su habla, en su cadencia, en su cultura. Es un proceso irreversible, que necesariamente se traducirá en un recambio de liderazgo en una próxima generación. Una generación que será más visiblemente afrocubana, y que reflejará la realidad étnica de la nación real, no la nación imaginada que nos quiere imponer el régimen totalitario.

Esos líderes negros y mestizos ya existen, ya encabezan movimientos que han surgido como respuesta a una política que los ha invisibilizado por más de 60 años. Grupos como el MSI, el Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR), la Alianza Unidad Racial (AUR), la Alianza Afro-Cubana (AAC), entre otros, se han constituido en la avanzada de un proceso imparable que tiene el potencial de enfrentar de una manera abierta y efectiva el tema más importante, definitorio y oprobioso de la historia nacional.

No será una tarea fácil, tomará tiempo, pero es impostergable y necesaria tanto para los afrocubanos contemporáneos como para la memoria de aquellos cientos de miles de africanos que llegaron como esclavos a las costas cubanas, y que constituyen el espinazo trágico de la nación.

 

© Imagen de portada: Intervención de Fidel Castro durante el Primer Congreso del PCC, diciembre de 1975.

 


 

Notas:
[1] La base de datos slavevoyages.org arroja que entre 1501 hasta 1867, un total de 778.540 esclavos africanos fueron introducidos en Cuba, una cifra más baja de lo que previamente a la publicación de la base de datos se había manejado.
[2]Las regiones en el continente africano que fueron preponderantes en la exportación de esclavos hacia América fueron: Senegambia, Sierra Leona, la Costa de los Vientos, la Costa de Oro, la Bahía de Benín, la Bahía de Biafra, África Central Occidental y Sureste de África. Los esclavos llegaban para ser exportados a puntos costeros de estas ocho zonas, provenientes de regiones tanto cercanas a la costa como del interior de estas áreas, y comprendían un sinnúmero de grupos étnicos y lingüísticos. Cuba, que tuvo su mayor nivel de importación de esclavos a partir del siglo XIX, importó entre 1790 y 1865 esclavos principalmente de tres regiones: África Central Occidental (30.1% del total); Bahía de Biafra (26.1% del total); y Bahía de Benín (15.1%). Para ampliar sobre el tema ver: Grandío Moraguez, Oscar (2008), “The African Origins of Slaves Arriving in Cuba, 1789–1865”. David Eltis y David Richardson (eds.), Extending the Frontiers: Essays on the New Transatlantic Slave Trade Database, New Haven & Londres, Yale University Press.
[3] Un trabajo muy interesante de Pablo Tornero, que estudió la estructura demográfica de la sociedad cubana de finales del siglo XIX a partir del censo de 1899, retrata de una manera clara la enorme desigualdad social de la sociedad cubana de fines de la época colonial, donde esta dualidad social de blancos dominantes y negros dominados era consecuencia de la estructura económica de la Isla, que tenía su base en la plantación. Este proceso condicionaría, según Tornero, la integración de la población de color en la sociedad civil cubana, en los primeros años de la república. Ver: Tornero, Pablo (1998), “Desigualdad y racismo. Demografía y sociedad en Cuba a fines de la época colonial”. Revista de Indias, 1998, Vol. LVIII, No. 212.
[4] Para profundizar sobre el tema, ver: Fernández Robaina, Tomás (1990), El Negro en Cuba 1902–1958: apuntes para la historia de la lucha contra la discriminación racial, La Habana: Editorial Ciencias Sociales; Helg, A. (1995), Our Rightful Share:The Afro-Cuban Struggle for Equality, 1886-1912, Chapel Hill: University of North Carolina Press; De la Fuente, Alejandro (2000), Una nación para todos. Raza, desigualdad y política en Cuba. 1900-2000. Madrid, Editorial Colibrí.
[5] Carlos Moore, en su famoso manifiesto de 1964 publicado por Présence Africaine, denunció que el régimen revolucionario cubano era tan racista como el régimen que había derribado; la problemática de la discriminación racial se había abordado por razones tácticas antes de ser enterrada en provecho de una alianza entre el liderazgo y una clase media blanca y racista: “Entonces en Cuba, contrariamente a todas las afirmaciones, no hubo revolución, lo que explica la ausencia total de proletarios y afrocubanos”. Ver: “Le Peuple Noir a-t-Il Sa Place Dans La Révolution Cubaine?”. Présence Africaine, No. 52.
[6] Este sentimiento voluntarioso de haber eliminado la discriminación racial por decreto, que daba paso a un nuevo modelo socialista donde el tema racial quedaba desterrado, se refleja en este texto de un funcionario blanco que fungió durante años como un alto comisario para la religión y las asociaciones fraternales en Cuba: Carneado, José F. (1962), “La discriminación racial en Cuba no volverá jamás”. Cuba Socialista 2, 5, enero.
[7] El fenómeno del racismo estructural que prevalecía en una sociedad que supuestamente lo había erradicado, es denominado por Roberto Zurbano como “(neo) racismo”. Para Zurbano, este nuevo racismo se manifestaba “por algún tipo de poder o legitimaciones simbólicas del mismo”. Zurbano, Roberto (2012), “Cuba: doce dificultades para enfrentar el (neo) racismo o doce razones para abrir el (otro) debate”. Revista Universidad de La Habana , 273.
[8] Para Alberto Abreu, en uno de los ensayos mas críticos e imprescindibles sobre este tema, señala que en el silenciamiento de las diferencias raciales y culturales, la matriz cultural blanca eurocéntrica continuó desempeñando un rol hegemónico y excluyente, “que se logró no solo a través de una política cultural que operó como un dispositivo de integración ideológica, sino también mediante una serie de aporías y chantajes culturales que transformaron la cultura popular negra en procesos de degradación cultural”. Ver: Abreu, Alberto (2019), “Cuba: Una encrucijada entre las viejas y las nuevas epistemologías raciales”. Cuban Studies No. 48, Special Issue Dedicated to the Afro-Cuban Movement.
[9] Núñez González, N. (coord.), 2011: Las relaciones raciales en Cuba. La Habana: Fundación Fernando Ortiz.
[10] Oficina Nacional de Estadísticas e Información (ONEI), 2016: “El color de la piel según el Censo de Población y Viviendas 2012”. La Habana: ONE.
[11] El origen de muchas de estas desigualdades no sería del dominio exclusivo del Estado, sino que estaría directamente relacionado con el acceso de las poblaciones blancas a propiedades heredadas y a las remesas de una migración históricamente no negra, que funciona como capital inicial. Un tema que las políticas antidiscriminatorias del régimen nunca pudieron erradicar.

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Continúa el Régimen cubano sus actos de amenaza y hostigamiento contra las mujeres cubanas

Continúa el Régimen cubano sus actos de amenaza y hostigamiento contra las mujeres cubanas, cuyo único delito es demandar que se les respete, se les proteja y que sus Derechos Fundamentales les sean respetados.

En la tarde de hoy varios agentes del Departamento de Seguridad del Estado (DSE) del MININT, se presentaron en la vivienda de la sindicalista independiente, María Elena Mir Marrero, en la ciudad de Guanabo, a quien con fuertes amenazas le manifestaron que mañana en el Día Internacional De la Mujer, no la dejarían salir de su casa y que tendría que asumir las graves consecuencias si se atrevía a salir marchando en reclamo de sus derechos.

María Elena es la actual  Secretaria General, de la Comisión Obrera Nacional Independiente de Cuba (CONIC), así como  activista de la Red Femenina de Cuba y miembro de la Secretaria Ejecutiva de la Mesa de Unidad de Acción Democrática.

El pasado mes María Elena junto con otras activistas de la Red Femenina de Cuba, trataron de presentar ante las autoridades competentes el permiso para la manifestación pacífica que quieren realizar en el día de mañana 8 de marzo, siendo detenidas por agentes policiacos que les  impidieron  entregar su solicitud.

Tanto las integrantes de la  Red Femenina de Cuba, como las Damas de Blanco y otras muchas cubanas, se han propuesto salir a la calles pacíficamente reclamando el respeto a sus derechos fundamentales. Está visita de amenazas y  hostigamiento de los agentes del DSE a la activista María Elena Mir Marrero, son una muestra más de la barbarie gubernamental sobre todas y todos aquellos que solo aspiran a vivir sin temor y con libertad en una Cuba “Con todos y para el bien de todos”.

La Secretaría Ejecutiva de la MUAD denuncia urgentemente, estás amenazas y ataques, a quienes solo quieren ejercer sus derechos de reunión y de libertad de expresión para reclamar el reconocimiento y la debida protección a su dignidad, que hoy en día le son conculcados.

Secretaría Ejecutiva de la MUAD

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Mujeres en Cuba piden su derecho a manifestarse

La Mesa de Unidad de Acción Democrática se une a la justa reclamación de la Red Femenina de Cuba de ejercer su derecho a marchar públicamente, el próximo 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. Según María Elena Mir Marrero, Secretaria General del CONIC, integrante de la Red Femenina de Cuba y de la Secretaria Ejecutiva de la MUAD: ”El blindaje constitucional y legal impide a las cubanas poder salir a las calles” el próximo 8 de marzo.

El pasado 14 de enero de 2023, las activistas de la Red Femenina de Cuba, Elsa Isaac Reyes, Zuleydis Pérez y María Elena Mir Marrero, fueron detenidas e interrogadas por varias horas cuando intentaron presentarle a las autoridades de Cuba, cumpliendo los requisitos establecidos, su solicitud de permiso para realizar una manifestación pacífica, el próximo 8 de marzo.  Se les impidió entregar su solicitud.

Según las declaraciones de las activistas, el objetivo de la Red Femenina de Cuba era concientizar, durante la marcha que querían realizar,  “acerca de la necesidad del ejercicio efectivo de nuestros derechos, la libertad de expresión y movimiento, la igualdad y el reconocimiento de las mujeres cubanas”. Queriendo también durante la marcha solicitarle  a las mujeres del mundo “su solidaridad y acompañamiento a las mujeres cubanas, ya sea de manera personal o institucional”, y que las ayudaran a pedir con su firma de apoyo, el poder integrarse a “las multitudinarias manifestaciones que se realizan a nivel global para recordar a sus gobiernos que aún falta mucho para que haya igualdad y justicia”.

Desde su fundación la MUAD ha estado y está comprometida en “Trabajar por un Estado Social de derecho, fundado en las libertades, en la soberanía de los ciudadanos como fuente básica del poder y en la participación ciudadana en todos los temas esenciales del gobierno y del Estado”. Por eso nos unimos solidaria y activamente en el justo reclamo de las mujeres cubanas de que sus derechos fundamentales, tal y como están reconocidos en la Carta Internacional de Derechos Humanos de las Naciones Unidas,  les sean respetados por el régimen cubano.

Las activistas han manifestado  su determinación de desfilar el próximo 8 de marzo por las calles de Cuba, en el justo reclamo de sus derechos fundamentales.  La MUAD invita a todas las organizaciones y personalidades que militan en nuestra concertación a apoyar ese día, a las mujeres cubanas que sin ataduras de ningún tipo con el régimen cubano, saldrán a desfilar por sus libertades y sus derechos, y se mantendrá alerta ante cualquier acto de represión que las autoridades cubanas cometan contra estas manifestaciones pacificas  y solicita de todos los organismos que velan por el respeto de todos los derechos humanos, para todos y en todas partes del mundo, a que se unan  en este justo reclamo de las mujeres cubanas.

Secretaria Ejecutiva de la

Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD)

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Nota de prensa: Manifiesto de la Sociedad Civil Cubana

Del Comité Gestor del Manifiesto de la Sociedad Civil Cubana:

Manuel Cuesta Morúa

Siro del Castillo

Ariel Hidalgo

Por este medio se da a conocer el Manifiesto de la Sociedad Civil Cubana, la expresión política de las protestas multitudinarias del pueblo cubano iniciadas el 11 de julio de 2021, concretadas en un consenso de la sociedad civil,  abierto a las firmas de todos los cubanos residentes en Cuba y en el exterior, ya con más de 90 firmantes, entre ellos cubanos prestigiosos que han expresado en diferentes momentos, a través del canto, la palabra oral o la literatura, los anhelos de la nación por una patria digna, como los cantautores Willy Chirino y Pablo Milanés, y el conocido escritor y miembro de la Real Academia Española Manuel Díaz Martínez, firmante en 1991 de La Carta de los Intelectuales, más conocida como Carta de los Diez.

Patria y Vida

Manifiesto de la Sociedad Civil Cubana

Prominentes filósofos de la historia universal como Spinoza, Rousseau y Kant, coincidieron en definir la Sociedad Civil como un cuerpo colectivo constituido por los individuos de una sociedad, que se posiciona fuera de los límites del Estado. El Estado solo tiene sentido mientras representa los intereses de toda esa ciudadanía, por lo que un consenso de la sociedad civil cubana tiene una fuerza moral superior. En cualquier circunstancia, no es la sociedad civil la que debe someterse al Estado, sino éste a la sociedad civil.

La alarmante situación del país ha sido el fruto de una gobernabilidad fundamentada, por una parte, en una centralización empresarial del Estado, fuente de ineficiencia y corrupción de unos estamentos burocráticos que han arrastrado a la población por más de seis décadas a una situación calamitosa, pese a todas las reformas implementadas en diferentes épocas que, como la palabra indica, son solo cambios de forma, cuando lo requerido es un modelo económico sustentable que no dependa, para subsistir, de periódicas subvenciones de aliados externos, y por otra, la coerción sistemática de derechos esenciales como el de libre expresión oral y escrita, así como la creatividad artística, el de libre asociación pacífica, el de libre movimiento, en particular el derecho de poder salir de su propio país y regresar a él, y el de libre emprendimiento económico independiente de los ciudadanos, todo esto ejercido por un Estado cuyos tres poderes principales, ejecutivo, legislativo y judicial, se hallan bajo el control absoluto de una élite partidista que nadie eligió.

Por tanto, los abajo firmantes, destacados en diversas actividades de la sociedad civil cubana en diferentes momentos, pasados o presentes, residentes actualmente dentro o fuera del país, ya que la nación cubana se extiende más allá del archipiélago a cualquier parte del mundo donde haya un cubano identificado con las aspiraciones colectivas de sus compatriotas, nos manifestamos a favor de cambios profundos y urgentes que saquen al país de una crisis sin precedentes y eviten un enfrentamiento entre cubanos con trágicas consecuencias.

Todas las condenas y encausamientos de ciudadanos por practicar o defender esos y otros derechos fundamentales de los seres humanos, deben ser sobreseídos, y quienes los han sufrido, excarcelados, en particular todos aquellos cuyo único pecado fue haber manifestado públicamente sus anhelos y sueños de una Cuba mejor. Incluso, aquellos que realizaron actos violentos, solo reaccionaron a la brutal represión de las cuales fueron víctimas, por lo cual, si merecieran ser penados, entonces, con mucha más razón deberían haber sido encausados todos aquellos elementos progubernamentales que los reprimieron.

Las protestas públicas no se evitan con medidas desproporcionadas de violencia y condenas sobredimensionadas, sino dando pasos que permitan a la ciudadanía desarrollar libremente su actividad artística y productiva.

Independientemente del efecto pernicioso que el embargo estadounidense haya podido afectar a la economía del país, la excusa del “bloqueo imperialista” ya no convence a la mayor parte de la ciudadanía que ha padecido en su propia carne las barreras restrictivas de la política gubernamental a sus intentos de satisfacer, por cuenta propia, sus acuciantes necesidades, como los altos impuestos, los elevados costos de las licencias e imposición leonina de un comprador poderoso que obliga al productor agropecuario a venderle la mayor parte de la producción al precio que ese comprador fija, y otras medidas que frenan el estímulo productivo. El principal bloqueo, en consecuencia, no es el que impone una nación extranjera desde el exterior, sino el que impone, desde dentro, la propia dirigencia gobernante. Levántenlo y se verá cómo, en poco tiempo, comenzará el reabastecimiento de las familias cubanas.

Es preciso tener fe en el pueblo cubano, y una vez liberados los que sufren prisión injustamente, y con la disposición manifiesta de permitir foros públicos entre los cubanos sin distinción de raza, género, religión, orientación sexual, e ideas políticas y filosóficas, para llegar a un consenso nacional sobre el futuro de nuestra patria, nadie deberá temer a multitudinarias protestas, pues se habrá encendido una luz milagrosa en la conciencia colectiva que tiene un nombre: esperanza.

Blog oficial: https://manifiestodelasociedadcivil.blogspot.com/2022/08/blog-post.html

(Los firmantes deberán enviar sus datos a Concordiaencuba@outlook.com)

NOMBRE      ORGANIZACIÓN O ACTIVIDAD              RESIDENCIA

  1. Iván Acosta – Dramaturgo y cineasta, Nueva York, NY
  2. Wilfredo O. Allen – Abogado, Miami Florida
  3. José Antonio Albertini – Escritor, periodista, Miami, Florida
  4. Guillermo Asper y Valdés – Profesor Universidad de Brasilia Brasil
  5. Emilio Bernal Labrada – Académico de la Lengua Española  Leesburg, Virginia
  6. Rafael Bordao – Profesor, poeta y editor, Miami, Florida
  7. Alina Brouwer Guerra – Artista y académica, Miami, Florida
  8. Ana Ibis Cáceres – Escritora, Miami, Florida
  9. Pedro Camacho – Historiador, Partido DemoCristiano, Miami, Fllorida
  10. Juan Pablo Casalis – Obrero, Miami, Florida
  11. David Castilla – Obrero, Miami, Florida
  12. Siro del Castillo – Solidaridad Trabajadores Cubanos, Miami, Florida
  13. Frank Correa Romero – Escritor independiente, La Habana, Cuba
  14. Manuel Cuesta Morúa – Consejo para Transición,  La Habana, Cuba
  15. Hildebrando Chaviano – Análisis de Políticas Públicas, Cienfuegos, Cuba
  16. María Josefa Chiang Pérez – Química azucarera y ama de casa Marianao, Habana, Cuba
  17. Willy Chirino – Autor y cantante, Miami, Florida
  18. Ileana Davis – Profesora de Filosofía, Miami, Florida
  19. Sammy Díaz – Agente de Seguros, Miami Florida
  20. Manuel Díaz Martínez – Escritor, Real Academia Española, Las Palmas, Gran Canaria
  21. Ana Rosa Díaz Naranjo – Escritora y actriz, Miami Florida
  22. Carlos M. Estefanía Aulet – Pedagogo, Estocolmo, Suecia
  23. Luis Fernández Arenas – Abogado, Miami, Florida
  24. Raúl Fernández Rivero – Solidaridad Trabajadores Cubanos, Caracas, Venezuela
  25. Javier Figueroa – Historiador, Miami, Florida
  26. Juan Antonio Francés – Solidaridad Trabajadores Cubanos, Santo Domingo, Rep. Dominic.
  27. Irashu Fundora – Asistente dental, Cape Coral, Florida
  28. Joaquín Gálvez – Escritor, Miami, Florida
  29. Antonio García-Crews – Abogado, Orlando, Florida
  30. Rodolfo González – Comité Cubano Pro D. Humanos, Miami, Florida
  31. Helio J. González – Ingeniero, Partido Democristiano, Hialeah, Florida
  32. Boris González – Arenas Mesa de Unidad Acción Democ., La Habana, Cuba
  33. Germán González – Socialistas Participativos Democ., Bauta, Alquízar, Cuba
  34. Ileana de la Guardia – Psicóloga y activista, París, Francia
  35. Héctor Manuel Gutiérrez – Profesor, Miami, Florida
  36. Ernesto Gutiérrez Tamargo – Consejo Transición Democrático, Madrid, España
  37. René Hernández Bequet – Solidaridad Trabajadores Cubano, Florida
  38. Dorkis Hernández – Recepcionista, Miami, Florida
  39. Esteban R. Hernández – Abogado, coordin. de CEPATD, Mayabeque, Cuba
  40. Ariel Hidalgo – Historiador y profesor de Filosofía, Miami, Florida
  41. Yanira Reina Hidalgo – Fotógrafa, Miami, Florida
  42. Yankilé Hidalgo – Profesora y escritora, Quito, Ecuador
  43. Elena Larrinaga – Red Femenina de Cuba, Madrid, España
  44. Felipe Lázaro – Poeta y editor, Toledo, España
  45. Rafael León Rodríguez – Proyecto Demóc. Cubano, La Habana, Cuba
  46. Mariano Loreto de Mola – Veterinario, Miami, Florida
  47. Rodrigo de la Luz – Escritor, Miami, Florida
  48. Rita Martín – Escritora y profesora universitaria, Radford, Virginia
  49. María Matienzo Puerto – Periodista, La Habana, Cuba
  50. Yoshvani Medina – Dramaturgo, Miami, Florida
  51. Ricardo Martínez Cid – Abogado, Miami, Florida
  52. Dunia Medina Moreno – Red Femenina de Cuba, La Habana, Cuba
  53. Santiago Méndez Alpízar – Escritor, Miami, Florida
  54. Byron Miguel – Escritor, Miami, Florida
  55. María Elena Mir Marrero – Sindicalista independiente, Habana del Este, Cuba
  56. Marcelino Miyares – Partido Demócrata Cristiano, Miami, Florida
  57. Pablo Milanés – Músico, autor y cantante, Madrid, España
  58. Roberto Molina – Administrador contable, La Lisa, Habana, Cuba
  59. María Emilia Monzón – Solidaridad Trabajadores de Cuba, Miami, Florida
  60. Santiago Morales – Empresario, Miami, Florida
  61. Arnoldo A. Müller – Coordinadora Socialdemócrata, Miami, Florida
  62. Yunier H. Palao – Escritor, Quito, Ecuador
  63. Luis de la Paz – Escritor, Miami, Florida
  64. Madeline Pedroza – Escritora, Cutler Bay, Florida
  65. Zuleidys Pérez – Plataforma Femenina, Holguín, Cuba
  66. Ghabriel Pérez – Escritor, Holguín, Cuba
  67. Joaquín Pérez Rodríguez – Ingeniero/investigador, Miami, Florida
  68. Carlos Ponce Berdayes – Pintor y escultor, La Habana, Cuba
  69. Alejandro Querejeta – Escritor, Austin, Texas
  70. Elena Quintero – Licenciada enseñanza pre-escolar, Miami, Florida
  71. Osmel Ramírez Alvarez – Biólogo y periodista independiente, Holguín, Cuba
  72. Wilfredo A. Ramos – Crítico de arte, Miami, Florida
  73. Marco Antonio Ramos – Historiador e investigador,  Miami Florida
  74. Erick Ravelo – Artista plástico, Miami, Florida
  75. Hilda Ravilero – Actriz, presentadora y empresaria, Miami, Florida
  76. Raúl Robaina Renovales – Fundador de Liga Cívica Martiana, Palm Beach, Florida
  77. Juan Carlos Recio – Escritor y asistente dietético, Boynton Beach, Florida
  78. Julián Hilario Rigau – Asesor de proyectos sociales, Marianao, Habana, Cuba
  79. Jorge Enrique Rodríguez – Escritor, periodista independiente, La Habana, Cuba
  80. José R. Rodríguez Rangel – Médico, periodista y escritor, Buenos Aires, Argentina
  81. Juan Manuel Salvat – Editor, Miami, Florida
  82. Rafael Sánchez – Médico, Cayo Largo, Florida
  83. Ismael Sambra – poeta narrador y ensayista, Toronto Canadá
  84. Mario Ernesto Sánchez – Actor y director teatral, Key Biscayne, Florida
  85. Francis Sánchez – Escritor, España
  86. Angel Santiesteban – Escritor, La Habana, Cuba
  87. Pedro Subirats – Profesor de Filosofía, Palm, Florida
  88. Beatriz Torrente Garcés – Escritora México
  89. Mario Jorge Travieso – Pastor Ministerio Apostólico, Las Tunas, Cuba
  90. Marta Trujillo – Partido Demócrata Cristiano, Miami, Florida
  91. Jorge L. Valdés Villazán – Consejo Transición Democrática, Estocolmo, Suecia
  92. Amir Valle – Escritor y periodista, Berlín, Alemania
  93. Brian Vilche Gallardo – Músico, escritor, pintor y actor, Cuba
  94. Rafael Vilches Proenza – Escritor independiente, Las Tunas, Cuba
  95. Lilian Vizcaíno – Escritora, Miami, Florida
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Muere Teresa Silva Rodríguez, madre de José Díaz Silva, líder del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR)

La Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD) lamenta la muerte, el pasado sábado 16 de julio de 2022, de Teresa Silva Rodríguez. Silva Rodríguez es la mamá de José Díaz Silva, Presidente del Movimiento Opositores por una Nueva República (MONR) y Coordinador nacional del Movimiento Democracia (MD).

El Movimiento es miembro de la MUAD.

José Díaz Silva, de 62 años, está en prisión desde el pasado mes de marzo, cuando la dictadura cubana hizo efectiva la amenaza de encerrarlo producto de su trabajo político, y por la asistencia del MONR a los presos políticos y sus familiares. Una asistencia que el movimiento opositor ha incrementado tras las protestas nacionales por la libertad del 11 de julio de 2021, en correspondencia con el crecimiento del número de presos políticos en el país.

En la actualidad, José Díaz Silva espera la realización de un nuevo juicio en que la petición fiscal es de siete años por los delitos de desacato y atentado. De esta manera el castrismo delata su rencor hacia el líder opositor.

El desacato y el atentado se encuentran entre los delitos más utilizados por la dictadura cubana, contando con la complicidad policial, y el sometimiento de las instituciones judiciales. Los pasados 30 y 31 de mayo fueron condenados el músico y activista Maykel Osorbo por idénticos delitos, a nueve años de prisión. Y el artista plástico, activista, y líder del Movimiento San Isidro, Luis Manuel Otero, a cinco años de prisión, entre otros, por el delito de desacato.

El MONR cumplió en el 2022 veinte años de fundado.

En nuestro Programa Todos Cabemos, la MUAD declara entre sus objetivos esenciales: “Los derechos humanos, indivisibles e integrales, deben ser la fuente primaria de la Constitución y la ley en Cuba. En tal sentido consideramos que la liberación de todos los prisioneros políticos y de conciencia, así como la de aquellos injustamente encarcelados, es un imperativo para el presente y el futuro” (Todos Cabemos, MUAD, 2016).

En este difícil momento, la MUAD transmite su solidaridad a José Díaz Silva, y ratifica su compromiso con la libertad de los presos y presas políticas.

La Habana-Miami, 17 de julio de 2022

 

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Cuba a un año de las protestas del 11J

Las raíces del conflicto y sus consecuencias perduran – no hay mejora a la vista
Hans-Hartwig Blomeier, Laura Philipps[1]

A un año de las históricas protestas en Cuba, las perspectivas para la isla siguen desilusionando. El 11 de julio de 2021, la población civil cubana salió a las calles para manifestarse en contra de la situación precaria padecida durante décadas, misma que se había visto exacerbada notoriamente en el contexto de la pandemia de Covid-19. Desde entonces, la situación de los cubanos no ha mejorado mucho, todo lo contrario: Un número creciente de cubanos se ve forzado a salir de su país debido a una situación económica que va empeorando cada vez más. Los que se quedan siguen padeciendo una violación flagrante de derechos humanos fundamentales, aparte de la precaria situación socioeconómica.

Una crisis económica y social constante
El 11 de julio de 2021, día también conocido como 11J, Cuba se vieron las mayores protestas desde hace más de 20 años. Miles de manifestantes salieron a las calles a todo lo largo y lo ancho del país para protestar contra la escasez de bienes y alimentos, las dificultades económicas, la reacción del gobierno frente al Covid-19 y la falta general de libertades básicas. La magnitud de los sucesos fue capturada por celulares: manifestantes atacando patrullas y saqueando negocios estatales por un lado e intervenciones masivas y violentas y detenciones por parte de las fuerzas de seguridad por el otro. Según las documentaciones de organizaciones internacionales de derechos humanos, el Estado procedió a cortar el Internet, efectuar detenciones arbitrarias y aplicar un uso excesivo de violencia (incluyendo a policías disparándoles a manifestantes). También se mencionó la existencia de una larga lista de personas desaparecidas. Según el grupo Justicia, dedicado a la defensa de los derechos humanos, son por lo menos 1,470 cubanos[2] los que fueron detenidos después de las protestas por haber participado en las manifestaciones. El número exacto de desaparecidos se sigue desconociendo. Además, aún hay numerosos juicios en curso: Algunos manifestantes fueron condenados a hasta 25 años de prisión por “sedición”.

Por otra parte, la pandemia de Covid-19 tuvo repercusiones devastadoras sobre la economía cubana, ya que se paralizó el turismo y disminuyeron considerablemente las remesas. Como consecuencia, el PIB se redujo casi por un 11% en 2020[3]. Si bien el turismo logró recuperarse ligeramente este año, las condiciones de vida de la población se volvieron a empeorar debido a que los alimentos[4] y otros bienes básicos como medicamentos escasean extremadamente, si no es que faltan por completo. Además, no es sorprendente que Cuba sea el único país en el continente americano que no proporciona los datos necesarios para elaborar el índice de pobreza del Banco Mundial. Por otra parte, fuentes no oficiales indicaban desde antes de la pandemia que cerca de una quinta y hasta una tercera parte de los cubanos estaban “en peligro” o “amenazados por la pobreza”. Sin lugar a dudas, esta situación ha empeorado drásticamente en el contexto de la pandemia[5].

Además, a finales de 2020 y bajo la presión del dramático colapso de la economía, el gobierno había anunciado una reforma monetaria histórica encaminada a reducir el déficit de la balanza comercial mediante la devaluación de la moneda cubana. Sin embargo, también iba de la mano con una masiva reducción de subsidios para evitar que el déficit presupuestario de Cuba se saliera de control. Esto significó en la práctica que se eliminó la doble moneda. Anteriormente, el Peso Cubano (PC) estaba destinado al uso interno, mientras que el Peso Cubano Convertible (PCC) era paritario con el dólar estadounidense. Frente a la actual tasa de inflación de un increíble 73%[6], la reforma implementada en enero de 2021 llegó a agudizar aún más los problemas de los cubanos. Además, el Peso Cubano perdió efectivamente la mitad de su valor en los últimos dos meses.

Activismo y derechos humanos: La opresión social sigue siendo pan de cada día

 En las últimas décadas, las organizaciones de derechos humanos han informado repetidamente sobre la brutal opresión y la censura ejercidas por el gobierno cubano en lo que concierne las libertades de expresión y de prensa y la garantía fundamental de los derechos humanos. A pesar del cambio generacional en el liderazgo político entre 2018 y 2021, mismo que implicó también la introducción de una nueva Constitución, no ha cambiado el carácter dictatorial y autoritario del régimen cubano. Si bien por primera vez en seis décadas, el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, no es un miembro directo de la familia Castro, no fue sorprendente que su entrada al poder no provocara cambios esenciales en el gobierno del país bajo el régimen Castro de los últimos 60 años. Los entrelazamientos entre la persona de Díaz-Canel, el partido comunista y las fuerzas armadas eran y siguen siendo demasiado estrechos como para lograrlo.

El autoritario sistema unipartidista en Cuba excluye al público en general de cualquier verdadera participación política. La Dirección de Inteligencia (DI) desempeña un papel importante en la supresión de opiniones disidentes y sigue ejerciendo una gran influencia en prácticamente todos los aspectos del Estado. Activistas, miembros de grupos disidentes e incluso actores independientes en el arte, el periodismo y otras áreas son sistemáticamente vigilados y regularmente interrogados para ser callados o chantajeados. Por ende, los movimientos de oposición como la MUAD (Mesa de Unidad Democrática) han estado expuestos a continuas represalias, y varios de sus miembros han sido detenidos. Además, el aparato de poder cubano no se limita a presionar a los disidentes individuales mismos, sino también a sus amigos y familiares para lograr que salgan definitivamente del país y que así suspendan sus actividades por lo menos dentro del mismo país.

Según el Freedom House, la situación de las libertades de expresión y de prensa en Cuba sigue preocupante. En agosto del año pasado, el gobierno publicó el decreto 35, mediante el cual se limita notablemente la libertad de expresión de los cubanos en Internet, a la vez que se amenaza la privacidad de los usuarios. El decreto que a largo plazo persigue el objetivo auto-declarado de “defender” la Revolución cubana, obliga a los operadores de servicios de telecomunicaciones a interrumpir, suspender o terminar sus servicios si un usuario publica información que en ojos de la dictadura sea falsa o “afecte la moralidad pública”.

En los últimos años, el acceso a Internet ha influido considerablemente en la vida en la isla, y dicho acceso se ha ampliado notoriamente desde diciembre de 2018. Los cubanos están cada vez menos aislados de lo que pasa en el mundo entero, pueden acceder a información, crear contenidos independientes (que siguen siendo ilegales) y compartir sus opiniones políticas en línea, tanto entre ellos como fuera de Cuba. A su vez, la comunidad internacional dispone de más información en tiempo real y se entera mucho más de la situación política, económica y social del país. De esta manera, en los últimos años ha sido posible documentar y publicar los encarcelamientos encargados por el gobierno y las vejaciones en contra de los miembros de la oposición involucrados en manifestaciones por la paz en Cuba. Sin lugar a dudas, el régimen cubano no ve con buenos ojos esta creciente transparencia, lo cual ha llegado a provocar las contramedidas arriba mencionadas (decreto 35).

 Apogeo del éxodo cubano

Al ver las cifras de migración, se observa que este año, más cubanos que nunca antes están saliendo de su país. La isla está viviendo la peor caída económica en décadas. Tan sólo en los primeros dos meses del año 2022, casi 30,000 cubanos intentaron migrar a los Estados Unidos, pasando en su mayoría por México. Hay datos de meses anteriores que muestran un promedio de entre mil y dos mil por mes. El gobierno estadounidense pronostica alrededor de 150,000 migrantes cubanos[7] para el año 2022.

Las estadísticas demuestran[8] que el crecimiento demográfico en Cuba tiende a cero. Este hecho se debe a que la mayoría de las personas involucradas en esta nueva ola de éxodo son jóvenes cubanos que podrían contribuir al futuro del país. Es previsible que en un futuro no muy lejano el país registre un crecimiento demográfico negativo. Las consecuencias sociales y económicas para el futuro de Cuba serán notables.

Relaciones internacionales

Desde hace décadas, Cuba está sometida a un amplio embargo por parte de los Estados Unidos. Si bien es cierto que el gobierno de Joe Biden retiró algunas de las restricciones impuestas por Donald Trump, las nuevas protestas en contra del régimen en julio pasado y el continuo empeoramiento de la situación humanitaria en la isla vuelven a complicar las perspectivas políticas. En julio de 2021, el gobierno de Joe Biden condenó la brutal manera de proceder del gobierno cubano frente a los manifestantes e impuso sanciones específicas en contra de varios funcionarios por su vinculación con la represión de manifestantes. Sin embargo, en mayo de 2022 la Casa Blanca anunció una serie de medidas para retirar las restricciones en la isla, tales como la intensificación de vuelos provenientes de Estados Unidos, la reintroducción de un programa para la reunificación familiar y el levantamiento del tope para remesas familiares, para así reaccionar a las precarias condiciones sociales.

Por su parte, la Unión Europea publicó en marzo pasado una declaración del Alto Representante Josep Borrell que en nombre de la Unión Europea se pronunciaba sobre los juicios y las condenas en el contexto de las manifestaciones de los días 11 y 12 de julio de 2021. En dicha declaración se condena la falta de transparencia y la arbitrariedad con que el gobierno ha estado manejando estos procedimientos judiciales[9].

Además, la Delegación del Parlamento Europeo para las Relaciones con los Países de Centroamérica (DCAM) criticó al gobierno cubano por haber impedido el viaje de algunas madres de prisioneros del 11J que se iban a reunir con diputados y representantes de organizaciones internacionales de derechos humanos. Con estos hechos de fondo, los miembros del Parlamento Europeo exigieron el establecimiento de un diálogo constructivo entre Cuba y la Unión Europea, alegando que a tal fin era indispensable que el gobierno cubano respetara la libertad de expresión de los ciudadanos cubanos. Sin embargo, hasta la fecha no existe un posicionamiento más contundente de parte de la Unión Europea para condenar las detenciones arbitrarias y la permanente violación de los derechos humanos, el cual numerosos movimientos de oposición en Cuba reivindican desde hace mucho tiempo.

Con respecto a la relación bilateral entre México y Cuba, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador (AMLO) ha seguido intensificando sus relaciones con el presidente cubano en los últimos meses, y no se ha abstenido de darle claras muestras de esta alianza a la comunidad internacional. Por primera vez lo hizo al darle un trato especial protocolario a Díaz Canel, quien participó como único invitado especial extranjero en la celebración de la fiesta nacional mexicana el 16 de septiembre de 2021. Además, AMLO boicoteó la Cumbre de las Américas en Los Ángeles a principios de junio, alegando que diferentes países de la región habían sido excluidos. Se trataba de tres países con regímenes autoritarios, a saber, Cuba, Venezuela y Nicaragua. Con ello manda un claro mensaje sobre su posicionamiento en términos de política exterior: una afrenta para Estados Unidos (que sigue siendo de lejos el socio comercial y económico más importante de México) como anfitrión de la Cumbre de las Américas y una alianza con regímenes claramente anti democráticos y autoritarios en el continente.

En el área socioeconómica, México anunció un programa especial mayor a 6 millones de dólares estadounidenses[10] para la cooperación al desarrollo con Cuba en el marco de la iniciativa “sembrando vida”[11]. El acuerdo se cerró en mayo de 2022 durante la visita del presidente mexicano a Cuba. Además, se pactó la contratación de 500 médicos y la adquisición de vacunas cubanas contra el Covid para niños. Esto provocó una serie de reacciones contrarias, sobre todo en México, ya que las vacunas aún no están admitidas. Además, en el sector salud mexicano hay más de 50,000 médicos desempleados cuyo sueldo promedio se eleva a 20,000 pesos. AMLO les prometió a los médicos cubanos un sueldo de más de 140,000 pesos al mes[12].

Perspectiva

Las protestas 11J del año pasado marcan un notable antes y después: Por primera vez en la historia moderna de Cuba, grandes partes de la población pudieron organizarse rápida y eficientemente en toda la isla para salir a las calles y protestar en contra de las precarias condiciones de vida a las que se enfrentan todos los días. Comparado con otras protestas en la isla, las protestas 11J recibieron mucha atención mediática internacional, lo cual durante poco tiempo llevó a una (cautelosa) esperanza en movimientos prodemocráticos dentro y fuera del país que llevan décadas luchando por un cambio de régimen para lograr una transición pacífica y democrática. Pero como era de esperarse, en un mundo marcado por un flujo ininterrumpido de información y la sucesión de crisis internacionales, la atención de la comunidad internacional permaneció en Cuba sólo por un tiempo limitado. Pero más allá de condenar fuerte y decididamente las permanentes violaciones de derechos humanos a las que están sometidos los cubanos en su vida diaria, la comunidad internacional tiene que enfrentarlas con acciones concretas en el marco del derecho internacional.

[1] Hans-Hartwig Blomeier ist Leiter, Laura Philipps Trainee des Auslandsbüros Mexiko

[2]https://www.diariolasamericas.com/america-latina/van-1470-personas-detenidas-las-manifestaciones-del-11j-n4249728

[3] https://datos.bancomundial.org/indicator/NY.GDP.MKTP.KD.ZG?locations=CU

[4] Según fuentes no oficiales, en junio de 2022 ¡cada hogar cubano tenía derecho a recibir un máximo de 5 huevos al mes!

[5] https://diariodecuba.com/cuba/1604935788_26332.html

[6]https://www.radiotelevisionmarti.com/a/tasa-de-inflaci%C3%B3n-en-cuba-alcanza-un-impactante-73-31-/328189.html

[7]https://www.nytimes.com/2022/05/03/world/americas/cuban-migration-united-states.html

[8] https://worldpopulationreview.com/countries/cuba-population

[9]https://www.consilium.europa.eu/en/press/press-releases/2022/03/30/cuba-declaration-by-the-high-representative-on-behalf-of-the-eu-on-the-trials-and-sentences-related-to-the-demonstrations-of-11-and-12-july-2021/

[10]https://www.14ymedio.com/internacional/Mexico-anuncia-seis-millones-dolares-programa-cooperacion-Cuba_0_3337466228.html

[11]Según el gobierno mexicano, “Sembrando Vida” es un programa que pretende contribuir al bienestar social de la población rural mediante la promoción del auto-abastecimiento de víveres.

[12] https://apnews.com/article/ap-verifica-530055840820

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Primer aniversario de las protestas nacionales del 11 de julio de 2021

La Mesa de Unidad de Acción Democrática (MUAD) saluda el próximo 11 de julio, el primer aniversario de las protestas nacionales que estremecieron a Cuba.

Dentro y fuera de sus límites geográficos, el 11 de julio de 2021 los cubanos hicimos sentir nuestra voluntad de protagonismo en las decisiones políticas y económicas de la nación.

Nada ha sido igual desde entonces, el país que se creía dividido políticamente mostró a una ciudadanía concentrada en la demanda de libertad y, por desgracia, un Estado decidido a someterlo por la fuerza y la violencia.

Desde entonces las cosas han ido a peor y la población movilizada solo recibe el desentendimiento y la violencia como respuestas. Las carencias materiales que padecen los ciudadanos del país, y la índole moral de la dirigencia castrista, solo prometen nuevos estallidos inaceptables para cualquier aspiración de construir una comunidad nacional con la colaboración de sus habitantes.

La MUAD ha promovido históricamente la transformación por medio de la cooperación y el consenso, a partir de propuestas básicas contenidas en su programa mínimo “Todos Cabemos”. No pretendemos ninguna novedad. Para los demócratas cubanos ha estado siempre claro, por encima de las diferencias naturales que la libertad expresa, que la solución a los problemas de la nación solo puede pasar por la participación horizontal, masiva y pública.

El 11 de julio de 2021 la nación salió a las calles a reivindicar esos derechos y hasta el día de hoy no ha vuelto con ellos. En este, el primer aniversario de la protesta nacional por la libertad, la MUAD se declara parte de una gesta que ve próximos sus nobles propósitos.

La Habana-Miami 8 de julio de 2022